Puerto Madryn

La tensión que el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU) mantiene con las cámaras empresarias de buques tangoneros congeladores amenaza con abarcar a otros actores que hasta ahora se han mantenido ajenos al conflicto, tanto armadores como trabajadores marítimos y de otros sindicatos.

Después de haber declarado un paro total de actividades a partir de ayer lunes y que en las primeras horas de vigencia de la medida todo se mantuviera en la misma situación, desde el SOMU adelantaron que endurecerán la medida alcanzando a la flota fresquera que opera sobre el langostino.

Así lo reconoció Juan Navarro en la tarde del martes, ante la consulta de este medio sobre la evaluación que realizaban de la medida de fuerza. El Secretario de Pesca de la conducción nacional del SOMU aseguró que a partir de ese momento “los barcos fresqueros que entren a descargar al sur quedarán parados”.

“Sabemos que la mayoría de los compañeros son afiliados del SiMaPe por lo que si quieren seguir operando tendrán que ir a descargar a Mar del Plata. De paso les servirá a la industria del reproceso de allá”, dijo el dirigente.

El SOMU acaba de firmar, lo hizo Pablo Ochagavia, el secretario General de la Seccional, el ajuste sobre los básicos con la Cámara de Armadores y CaIPA en el que se comprometen a garantizar la paz social para mantener el desarrollo económico de la actividad pesquera.

Navarro sobre esta situación aseveró que se trataba de “un paro general” y cuestionó el apuro de las patronales marplatenses. “Habían pedido tiempo en abril, que los esperemos hasta agosto y de un día para el otro salen con este ajuste”, dijo Navarro.

Luego que el dirigente formulara dichas declaraciones, desde los puertos patagónicos la situación seguía siendo normal. El Marcea C y el Portobello II salieron a zona de pesca desde Madryn. El fresquero Santa Rita hacía lo propio desde Camarones.

“No hay un solo motivo para que apliquen una medida de fuerza en la flota fresquera”, aseveró Diego García Luchetti, gerente de la Cámara de Armadores. “Firmamos el ajuste hasta septiembre, mantenemos vigentes los valores en producción (1,40 dólar por kilo), no hay causa para que paralicen ningún barco”, amplió el dirigente.

Desde Armadores descartaron que vayan a presentarse ante el Ministerio de Trabajo y pedir la conciliación obligatoria. No hay conflicto y no hay ningún barco retenido, reiteran en la cámara empresarial.

El comunicado difundido en redes sociales del SOMU no incluye a la Cámara de Armadores y no han tenido ninguna comunicación oficial del Ministerio de Trabajo o del gremio notificando un paro ni los alcances de una medida de fuerza.

Si ya resulta extraño el paso adelante dado por el gremio, mucho menos se comprende este intento por paralizar esta flota que ha obtenido un incremento paritario y no ha sufrido ninguna disminución en el valor de la producción dolarizada, en contrataste con la flota tangonera que sigue amarrada en muelle.

El SOMU Mar del Plata atraviesa una grieta que agudizó la firma del ajuste. Pablo Ochagavia es centro de críticas internas en la sede del sindicato sobre la calle Edison de parte de un grupo que encabeza Damián Basaill, hasta hace poco estrecho colaborador de Ochagavia.

“Lo vemos muy cerca del otro Pablo (por Trueba, secretario General del SiMaPe) y eso no gusta mucho acá”, confiaron algunos marineros allegados a Basaill. También le reprocharon haber participado de la conferencia de prensa que dieron los gremios marítimos luego del fallo de Cámara que convalidó el dictamen de primera instancia que declaró ilegal el acuerdo del INIDEP con Prefectura para tripular el Angelescu. “No tenía nada que hacer ahí”, subrayaron.

Navarro evitó pronunciarse sobre esa interna sindical que vive el SOMU en Mar del Plata y le apuntó al gobierno nacional por no convocarlos ni dictar la conciliación obligatoria. “Ellos también pierden en este conflicto porque no ingresan dólares y tampoco recaudan del impuesto a las ganancias”, reveló el dirigente.

El Secretario de Pesca considera que esta situación, el pedido de la baja en el precio del langostino que marca el convenio, “es un intento de reforma laboral encubierta” y cuestionó el rol de CEPA. “Con ellos estábamos acordando el incremento de los básicos, llevarlos a los valores de CAPA y no teníamos problemas en hacerlo en tres tramos. Nunca tuvieron problemas con el valor de convenio de la producción”.

Navarro aseguró que había mantenido contacto con Carlos Liberman pero que no hubo ningún avance. “Me llamó para ver qué pensábamos hacer. Nosotros no estamos dispuestos a resignar ni entregar el convenio. Antes que pase eso, doy un paso al costado”, afirmó.

Por último, sobre la posibilidad de establecer un acuerdo circunstancial por este año, atendiendo el contexto particular de la pandemia y el desplome de los mercados, el dirigente lo descartó de plano. “El año pasado firmamos con las cámaras patagónicas ante el Ministerio de Trabajo que teníamos que ajustar la inflación del segundo semestre. Nunca se sentaron. Firman cosas que después nadie cumple. Por eso no confiamos en ninguna cosa que quieran proponer por fuera del convenio”, sentenció Navarro.